Este video anda circulando por ahí, lo comparto por si no lo vieron.
Se trata de un invento que cambió al mundo.
Algunos lo aman.
Otros lo matan con la indiferencia.
Hay quienes lo miran con condescendencia, como a algo tal vez valioso en su tiempo, pero hoy pasado de moda.
y ustedes?
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jueves, 13 de mayo de 2010
viernes, 6 de noviembre de 2009
AMOR Y CAFÉ VERDADEROS
Con relación al post anterior "La máquina de café" (episodio de la vida real basado en mi propia vivencia de... una vez hace muchos años y en un cierto lugar que prefiero no nombrar... simplemente porque quiero mucho mucho a toda esa gente), me vino este pensamiento iluminador y abrumador.
Lo leí hace poco y no me acuerdo dónde:
"Lo difícil no es distinguir lo bueno de lo malo, eso es muy sencillo... lo realmente difícil consiste en distinguir lo verdaderamente bueno de lo que aparenta ser verdaderamente bueno"
Pensar en eso me hizo temblar, literalmente.
Lo leí hace poco y no me acuerdo dónde:
"Lo difícil no es distinguir lo bueno de lo malo, eso es muy sencillo... lo realmente difícil consiste en distinguir lo verdaderamente bueno de lo que aparenta ser verdaderamente bueno"
Pensar en eso me hizo temblar, literalmente.
LA MÁQUINA DE CAFÉ
Cuando en la pequeña consultora pusieron la máquina de café para que todo el mundo pudiera usarla —y lo hicieron de onda, de buena gente, de gente amorosa—, el café era café, la onda era onda y el amor era amor.
Cuando en la pequeña consultora decidieron comprar una máquina de café más moderna para que todo el mundo pudiera usarla —y lo hicieron como "una acción de marketing orientada en la Política de Satisfacción Total del Cliente”— el café dejó de ser café, la onda dejó de ser onda, y el amor dejó de ser amor.
Cuando en la pequeña consultora decidieron comprar una máquina de café más moderna para que todo el mundo pudiera usarla —y lo hicieron como "una acción de marketing orientada en la Política de Satisfacción Total del Cliente”— el café dejó de ser café, la onda dejó de ser onda, y el amor dejó de ser amor.
jueves, 22 de octubre de 2009
EVOLUCIÓN II
Hace diez años, en una sesión de respiración holotrópica, experimenté una revelación: “No voy a estudiar nada más”, me dije con una certeza que venía de lo más profundo de mi ser, “se acabaron las formaciones para mí, basta de las “nuevas escuelas”, llegó la hora de integrar”
Me di cuenta de que había pasado los veinte años anteriores de mi vida formándome profesionalmente: cinco años de universidad, tres de formación en PNL, tres en Gestalt, cuatro en Psicología Transpersonal y Respiración Holotrópica. Toneladas de libros, congresos, cursos cortos tantos que ni me acuerdo y supervisiones.
Mi revelación no era políticamente correcta: mis amigos y colegas siguieron formándose en las “nuevas” corrientes que iban apareciendo, como las Constelaciones Familiares, los modelos cognitivos conductuales, la estimulación interhemisférica y el Coaching Ontológico entre muchas otros.
¿Es que acaso me proponía dejar de evolucionar profesionalmente? ¿Estaba loco o qué?
Los diez años que siguieron fueron de profundo trabajo interior, una retirada introspectiva que cualquier psiquiatra convencional hubiese diagnosticado como “depresión”, en el medio me casé, tuve una hija preciosa y escribí dos libros.
Mi trabajo con mis pacientes alcanzó profundidades antes desconocidas por mí al tiempo que mis trucos mágicos —las técnicas psicológicas de avanzada que había aprendido— pasaron a un segundo plano.
Ya no estoy en la cresta de la ola de las nuevas modas psicológicas que año tras año siguen apareciendo, tiendo a verlas como evoluciones que navegan por los canales del marketing propio de nuestra sociedad de consumo.
Y todo está bien así como está: ellas evolucionan a su manera, mientras que yo lo hago por mi propio camino
Sigo mi caminito, eso sí, un caminito con corazón, como decía el viejo chamán yaki de Sonora en el “viejo” libro de Carlos Castaneda.
Me di cuenta de que había pasado los veinte años anteriores de mi vida formándome profesionalmente: cinco años de universidad, tres de formación en PNL, tres en Gestalt, cuatro en Psicología Transpersonal y Respiración Holotrópica. Toneladas de libros, congresos, cursos cortos tantos que ni me acuerdo y supervisiones.
Mi revelación no era políticamente correcta: mis amigos y colegas siguieron formándose en las “nuevas” corrientes que iban apareciendo, como las Constelaciones Familiares, los modelos cognitivos conductuales, la estimulación interhemisférica y el Coaching Ontológico entre muchas otros.
¿Es que acaso me proponía dejar de evolucionar profesionalmente? ¿Estaba loco o qué?
Los diez años que siguieron fueron de profundo trabajo interior, una retirada introspectiva que cualquier psiquiatra convencional hubiese diagnosticado como “depresión”, en el medio me casé, tuve una hija preciosa y escribí dos libros.
Mi trabajo con mis pacientes alcanzó profundidades antes desconocidas por mí al tiempo que mis trucos mágicos —las técnicas psicológicas de avanzada que había aprendido— pasaron a un segundo plano.
Ya no estoy en la cresta de la ola de las nuevas modas psicológicas que año tras año siguen apareciendo, tiendo a verlas como evoluciones que navegan por los canales del marketing propio de nuestra sociedad de consumo.
Y todo está bien así como está: ellas evolucionan a su manera, mientras que yo lo hago por mi propio camino
Sigo mi caminito, eso sí, un caminito con corazón, como decía el viejo chamán yaki de Sonora en el “viejo” libro de Carlos Castaneda.
EVOLUCION I
Creo en la evolución.
Pero no creo que la evolución sea necesariamente un valor positivo en término de juicios humanos. Nuestra mente chiquita, al pequeño ego no le da para tanto. Ni buena ni mala, la evolución es la trama natural de los procesos universales. La extinción de los dinosaurios formó parte de la evolución de la vida en nuestro planeta. Dudo que haya habido dinosaurios contentos con eso.
Hace dos meses, cuando invitaba gente para la presentación de mi libro “Mapas para el cambio”, me contacté con un viejo querido colega, psiquiatra y escultor que va superando sus sesenta años, cuando le pedí su dirección de email me dijo “yo no entré a la era de internet, si querés hablar conmigo, llamame o vení a visitarme”.
A los viejos les cuesta evolucionar pensé… y me reí de mi mismo: el tipo encontró su lugar en el mundo, su vida está plena de sentido, vive en paz con sus canas y su conciencia. ¿Cuántos evolucionadísimos al tanto de los últimos chiches que nos vende la tecnología podríamos decir lo mismo?
Mi abuela paterna hacía su propio yogur —cuajada la llamaba ella— dejando a la leche pudrirse en vasos viejos. Mi abuela materna amasaba la masa para sus pastas domingueras sin untarse previamente sus manos con alcohol en gel (que ni existía).
Mi mujer compra ravioles insípidos en el super y yo me como una espumita de limón envasada en plástico que de limón no debe tener nada. ¡Vaya que somos evolucionados nosotros!
Pero no creo que la evolución sea necesariamente un valor positivo en término de juicios humanos. Nuestra mente chiquita, al pequeño ego no le da para tanto. Ni buena ni mala, la evolución es la trama natural de los procesos universales. La extinción de los dinosaurios formó parte de la evolución de la vida en nuestro planeta. Dudo que haya habido dinosaurios contentos con eso.
Hace dos meses, cuando invitaba gente para la presentación de mi libro “Mapas para el cambio”, me contacté con un viejo querido colega, psiquiatra y escultor que va superando sus sesenta años, cuando le pedí su dirección de email me dijo “yo no entré a la era de internet, si querés hablar conmigo, llamame o vení a visitarme”.
A los viejos les cuesta evolucionar pensé… y me reí de mi mismo: el tipo encontró su lugar en el mundo, su vida está plena de sentido, vive en paz con sus canas y su conciencia. ¿Cuántos evolucionadísimos al tanto de los últimos chiches que nos vende la tecnología podríamos decir lo mismo?
Mi abuela paterna hacía su propio yogur —cuajada la llamaba ella— dejando a la leche pudrirse en vasos viejos. Mi abuela materna amasaba la masa para sus pastas domingueras sin untarse previamente sus manos con alcohol en gel (que ni existía).
Mi mujer compra ravioles insípidos en el super y yo me como una espumita de limón envasada en plástico que de limón no debe tener nada. ¡Vaya que somos evolucionados nosotros!
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